Luego de la Revolución de Mayo de 1810, nuestro país estuvo durante seis años tratando de conseguir la tan ansiada libertad. Los patriotas de Buenos Aires tuvieron la difícil tarea de lograr que el resto de las provincias del ex Virreinato los apoyaran, para decidir qué rumbo debía tomar la Revolución. El 27 de mayo de 1810 enviaron a los gobiernos provinciales una carta en la que les informaban los sucesos y les pedían que designaran diputados para un congreso que se reuniría en Buenos Aires.

Aunque la mayoría de las gobernaciones aceptó la Junta, no todas las reacciones fueron favorables: en Córdoba se produjo un levantamiento de los ex funcionarios españoles dirigidos por Santiago de Liniers y Bremond, el héroe de las invasiones inglesas; el movimiento fue derrotado y Liniers fusilado el 26 de agosto de 1810. Paraguay, por su parte, rechazó la autoridad de la Junta, por lo que ésta envió un ejército, comandado por Manuel Belgrano, que fue vencido; sin embargo, Paraguay optó por ser neutro en nuestra lucha contra España.
El Virreinato del Perú, que fue el baluarte del poder realista en América, sumó a su territorio las provincias del Alto Perú, que antes pertenecían al Virreinato del Río de la Plata. En Montevideo, Francisco Javier de Elío fue designado Virrey y reclamó la soberanía sobre todo el territorio, pero, el 1 de enero de 1811, se produjo el “Grito de Ascencio“. José Gervasio Artigas sublevó a la población rural en favor de la causa de la independencia y, junto con el gobierno de Buenos Aires, sitió Montevideo.
Otro inconveniente que tuvieron los nuestros patriotas fue que, en 1814, Fernando VII recuperó el trono de España y, decidido a reconquistar las colonias americanas, envió un poderoso ejército a estas tierras.
En 1815, las autoridades de Buenos Aires redactaron el Estatuto Provisional, documento que ordenaba a las provincias a elegir diputados para integrar un congreso constituyente que se reuniría en Tucumán. Las provincias podían elegir un diputado por cada 15000 habitantes. Esto favorecía a Buenos Aires, la más poblada, por lo que las provincias que estaban bajo la influencia de Artigas (Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y la Banda Oriental) rechazaron el Estatuto. Las que sí enviaron congresales fueron Buenos Aires, Catamarca, Charcas, Cochabamba, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Alto Perú (Moxos, La Plata), Mendoza, Potosí, Salta, San Juan, Santiago del Estero, Tucumán y San Luis.
El Congreso se inauguró con retraso el 24 de marzo de 1816. El Estatuto establecía que sólo podría comenzar a sesionar cuando estuvieran presentes dos tercios de los convocados y a éstos les resultaba muy difícil llegar a Tucumán por el mal estado de los caminos.
Las cosas estaban complicadas: por un lado, los patriotas habían sido derrotados en Chile, Venezuela y el Alto Perú; por el otro, la restauración monárquica en Europa fortalecía la posición de España.
Sin embargo, el 9 de julio de 1816, bajo la presidencia del sanjuanino Narciso de Laprida y en la histórica Casa de Tucumán, propiedad de Doña Francisca Bazán de Laguna, el Congreso declaró la Independencia de las Provincias de la Unión respecto de España y de toda dominación extranjera. La decisión provocó gran alegría.
Había que decidir qué tipo de gobierno adoptar: ¿Monarquía Institucional o República? Además, había enfrentamientos entre quienes intentaban imponer un gobierno central fuerte con sede en Buenos Aires y quienes sostenían que la federación era la mejor alternativa. Para reafirmar la independencia del país, el Congreso debió emprender una serie de acciones: envió tropas auxiliares al Ejército del Norte, repartió tierras para que no fueran invadidas por los indígenas rebeldes y trató de mejorar las relaciones diplomáticas con Europa, el Brasil y los Estados Unidos. Además, fundó escuelas, aprobó el proyecto de creación de la Universidad de Buenos Aires y otorgó muchas becas a estudiantes.
De esta manera, nuestro país pudo conseguir su tan ansiada libertad para, luego de seis años de luchas, proclamarse como Nación Independiente de la corona española y cualquier amenaza extranjera.
