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San Martín: marcha y carrera militar

¿Qué puede estar haciendo un niño común y corriente a sus once años de edad? En lo que a los jóvenes de hoy respecta, seguramente las respuestas no pasan de opciones como el juego o el estudio. Pero si se refiere a José de San Martín, los resultados no dejan de asombrar: para ese entonces él comenzaba su carrera militar.
A pesar de tratarse de diferentes épocas, su precocidad ya era extraordinaria incluso en aquellos tiempos donde los hombres casi nacían siendo hombres y la niñez era solo un concepto efímero.


Evidentemente, José de San Martín -considerado el padre de la patria- era un ser superior o, al menos, su determinación era superior a la de todos los demás. Incluso en los inicios.

Pero, ¿cómo es la historia completa sobre esta increíble carrera que arranca el 12 julio de 1789? San Martín comenzaría su profesión como militar en España, junto al ejército nacional combatiendo la dominación napoleónica de la Península. Allí participó en las batallas de Bailén y La Albuera y cosechó grandes resultados. De hecho, su ascenso fue vertiginoso, primero conquistando el grado de subteniente primero (1794), luego alcanzando el mando de teniente segundo (1795), más tarde como ayudante segundo (1802) para finalmente transformarse en capitán (1804). Bajo ese rango, San Martín luchó en la Guerra de las Naranjas contra Portugal (1802) y en Gibraltar y Cádiz contra los británicos (1804).

Para 1812, luego de su formación europea, partió de regreso rumbo a su patria querida. Al llegar a Buenos Aires se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo que resistió una arremetida tremenda durante el recordado e histórico Combate de San Lorenzo. Después de aquella aventura, se encargó de reforzar el Ejército del Norte.

Tiempo después, ya instalado él en Mendoza, continuó con su plan cuyo objetivo final era tan claro como ambicioso: conducir a Sudamérica a su emancipación definitiva.

Creó el Ejército de los Andes y cruzó con él la cordillera para liberar a Chile con las batallas de Maipú y Chacabuco. Ese cruce de los Andes representa, sin lugar a dudas, su más fantástica empresa y una de las grandes hazañas que jamás se consiguieron en la historia.

Finalmente, gracias al impulso conseguido mediante aquellas conquistas, San Martín lograría juntar las fuerzas y los aliados necesarios para arremeter, plenamente, contra el núcleo del poder español en Sudamérica: Lima. No sin un gran esfuerzo, San Martín declaró la independencia de esa ciudad en 1812.

De su encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil nacerían nuevas esperanzas y un gran ciclo para América: San Martín le cedería a su colega tanto su ejército como su meta por terminar con la liberación.

Instalado en Europa, finalmente José de San Martín renunció a su carrera militar (fue en España) aunque no dejó de luchar por la libertad de América y por la justicia.

Murió un 17 de agosto de 1850 en Europa pero, al día de hoy, se lo sigue recordando como lo que fue: el padre, no de una sino, de muchas patrias.

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